Los dirigentes políticos son responsables de la calidad de vida que un país ofrece a sus ciudadanos en general.
Un caso venezolano.
Esta semana durante mi estadía en Ecuador para participar en un evento sobre competitividad subnacional, tuve la oportunidad de conocer a Xavier (nombre ficticio por confidencialidad), un venezolano que emigró por la situación que todos conocemos de este país latinoamericano, a Colombia y posteriormente al Ecuador, para buscar oportunidades económicas para su familia y él. Le acompañan algunos de sus hijos y nietos, el más pequeño de sus nietos tiene menos de un año de vida.
La travesía de Xavier y su familia inició partiendo de Venezuela hacia Colombia, país que prontamente abandonaron, porque según comentó, el salario que devengaba no era suficiente para cubrir el arriendo de un modesto apartamento y los servicios de agua y energía; le era difícil llegar a fin de mes, aunque manifiesta que Colombia es un país que ofrece mejores condiciones para vivir. Para cubrir los gastos anteriores necesitaba por lo menos un millón de pesos colombianos, equivalentes a 320 dólares norteamericanos.
Xavier comenta que en Venezuela es propietario de una vivienda bastante amplia y recibe una pensión por su jubilación, la que traslada a una de sus hijas que prefirió quedarse en Venezuela. Comenta, que la pensión que recibe es insignificante por el alto costo de la vida
Llamó mi atención lo siguiente: Xavier es Contador graduado de una Universidad Pública de Venezuela, actualmente jubilado, y desde los 17 años aprendió el oficio de peluquero. Precisamente lo conocí en la visita que hice a una peluquería, negocio profuso en la zona donde me hospedé.
La esperanza de Xavier es volver a Venezuela
Con sentimientos de nostalgia e ilusión, expresó que pronto volverá a su país ya que considera que Nicolás Maduro está en sus últimos días ejerciendo el poder y pronto será alejado; mostró su satisfacción con el líder emergente Juan Guaidó. El tono de su voz y forma de expresión evidenciaban su total inconformidad con el actual sistema venezolano y su principal dirigente.
Xavier, es uno de cuantiosos casos que se han visto obligados a abandonar Venezuela, un país con riqueza y recursos; que ha sido golpeado por un régimen político nefasto que tiene a los venezolanos sumidos en la pobreza y con hambre.
Con mucha tristeza noté, que otros venezolanos con menos suerte que Xavier, deambulan en las calles, algunos acompañados de niños, sobreviviendo con las pocas monedas que reciben por dádivas de transeúntes. Otros venezolanos, según la versión del taxista que me transportó, delinquen para sobrevivir y afecta la seguridad de los ciudadanos ecuatorianos.
Mi reflexión:
Dediqué unos minutos para narrar esta breve historia -y agradezco su lectura-; para que como guatemaltecos decidamos tomar el control de nuestra amada Guatemala, que ha estado a la deriva, pese al gran potencial que tiene para elevar su crecimiento económico, y consecuentemente, para brindarnos mejores condiciones de vida.
Es necesario que, en este proceso electoral, exijamos propuestas coherentes de los candidatos actuales, y que elijamos con sabiduría, desechando a aquellos candidatos cuyo recorrido es dudoso y que pretenden enraizarse en el poder, ya sea como medio de vida para hacer riqueza, o bien como medio de impunidad.
Aunque Guatemala está relativamente lejos de llegar a la lamentable y triste situación de nuestros hermanos venezolanos, es necesario que reflexionemos y nos ocupemos, para asegurarnos un futuro prominente para nosotros y los nuestros. Varios países latinoamericanos están avanzando económicamente; ¡Guatemala también puede hacerlo!
¡Mis mejores deseos para Xavier y los suyos! Que pronto tengan la oportunidad de volver a su querida Venezuela y que esta nación retome el rumbo que se merecen cada uno de los venezolanos valientes que luchan por un mejor país.
Elijamos y participemos con responsabilidad en este proceso electoral que vivimos.

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